La lógica de los nuevos medios y el futuro del mundo editorial

Por Melina Talavera

No resulta novedoso afirmar que el surgimiento de los nuevos medios ha transformado radicalmente la forma en que producimos, distribuimos y consumimos información. Lev Manovich, en El lenguaje de los nuevos medios de comunicación, establece una serie de principios que permiten comprender la especificidad de estos nuevos lenguajes y anticipar sus consecuencias culturales. Con este breve ensayo proponemos revisar esos principios y, a partir de esto, realizar una conexión y reflexión respecto de los desafíos y oportunidades que enfrenta la producción editorial en la era digital. 

Representación numérica 

El primer principio señalado por Manovich es la representación numérica, que implica que todos los objetos de los nuevos medios están compuestos por código digital y, por lo tanto, pueden ser descritos matemáticamente y manipulados algorítmicamente. Esta transformación convierte a los medios en programables, y nos habilita una nueva forma de pensar la producción editorial: ya no hablamos de soportes fijos (el papel, el libro en forma de códice), sino de soportes flexibles que permiten múltiples operaciones de edición, publicación y actualización constante. 

Modularidad 

En segundo lugar, Manovich introduce la modularidad, es decir, la estructura fractal de los medios digitales, la cual permite que sus componentes (textos, imágenes, videos, scripts) funcionen como unidades independientes que pueden reorganizarse sin perder su

identidad. En términos editoriales, podemos pensar que esto abre la posibilidad a que existan formatos híbridos, personalizables y recombinables. Por esto, en las lógicas actuales, podemos considerar que el lector ya no es un receptor pasivo, sino un usuario que puede navegar por diferentes nodos de información, seleccionando sus propios recorridos en un texto hipermedial. 

Automatización: edición asistida por algoritmos 

Los anteriores principios permiten dar lugar a la automatización de muchas operaciones implicadas en la creación, manipulación y acceso de objetos de los nuevos medios. Esto implica que exista, ahora, la posibilidad de que la intencionalidad humana sea eliminada (al menos, en parte) del proceso creativo. Por lo tanto, podríamos afirmar que este tercer principio, la automatización, es tal vez el que más interpela a la figura del editor. La posibilidad de generar textos, diseños o layouts mediante plantillas o inteligencia artificial plantea interrogantes sobre el rol humano en el proceso editorial. Sin embargo, podemos considerar que la automatización no elimina por completo la intervención humana en el ámbito editorial, sino que redefine las tareas que la labor editorial implica. Dado que los nuevos medios permiten automatizar tareas que antes eran exclusivamente humanas, podemos pensar que, más que un reemplazo, lo que se genera es una colaboración entre humano y máquina, ya que la máquina por sí sola no produce nada si el humano a cargo no la hace funcionar. Es importante, en este sentido, utilizar las nuevas tecnologías conscientemente y a nuestro favor, en lugar de demonizarlas. 

Variabilidad 

El principio de variabilidad introduce una lógica contraria a la estandarización industrial: ya no se trata de producir una única versión de un contenido, sino múltiples instancias posibles, adaptadas a cada lector, contexto o soporte. En este sentido, podemos hacer referencia al formato EPUB para la lectura de libros electrónicos. Este formato permite que no haya una única representación del texto, sino que puede ser cambiado (conscientemente, por el usuario) según el tamaño de pantalla, la tipografía elegida, el modo de lectura (oscuro, claro, sepia); incluso puede cambiarse la orientación del dispositivo. Para muchos lectores, este formato implica una gran ventaja. No obstante,

podemos pensar que supone un problema en lo que respecta a la labor de maquetadores/diseñadores, que son quienes piensan y ejecutan un diseño particular que consideren ideal para determinado libro (tipografías, tamaño, espaciado, incluso formas óptimas de separar en sílabas las palabras). Cabe preguntarnos, nuevamente, si estas nuevas formas de leer que los nuevos medios permiten ponen en peligro el futuro del mundo editorial. Podemos responder, de manera tentativa, que no, puesto que podemos pensar en “adaptarnos” a estos cambios y “apropiarnos” de ellos de manera tal que nos sean beneficiosos y fructíferos. 

Transcodificación 

Finalmente, Manovich plantea la transcodificación como la consecuencia más significativa de la informatización de los medios. El autor afirma que “Los nuevos medios pueden pensarse […] como si estuviesen conformados por un ‘acople’ de lenguajes o ‘capas’ […]: una cultural, la enciclopedia y el cuento, la historia y la trama, entre otros ejemplos, y otra informática, que comprende el proceso y el paquete, la clasificación y la concordancia, el lenguaje informático y la estructura de los datos” (Orduna, s/f: 5). Podemos pensar que esta “doble inscripción” redefine, en cierto modo, el trabajo editorial, que ya no se limita únicamente a la producción de sentido, sino que debe considerar las condiciones que implica la nueva cultura del ordenador. Esto significa que los formatos editoriales ya no pueden pensarse exclusivamente desde la tradición impresa, sino que deben considerar las convenciones del software, las interfaces y las estructuras de datos que organizan el acceso a la información. Cabría pensar, entonces, a la producción editorial como una práctica de diseño de lenguajes híbridos en la que lo estético, lo técnico y lo narrativo se entrelazan. 

Conclusión 

Los principios de Manovich permiten comprender que los nuevos medios no son sólo nuevas formas de comunicación, sino nuevos modos de organizar y producir sentido, cuestión que resulta primordial en la labor editorial en su conjunto. A partir de esto, podemos pensar que estos nuevos medios implican una reconfiguración de la producción editorial, puesto que ya no basta con pensar en términos de texto e imagen, sino que hay

que incorporar nociones de programación, modularidad, interfaz y experiencia de usuario. La edición se convierte, por lo tanto, en una práctica transdisciplinaria (más que nunca), en la que se articulan saberes lingüísticos, tecnológicos y culturales. Lejos de suponer la desaparición del rol editorial, podemos afirmar que los nuevos medios demandan una actualización crítica y creativa de sus prácticas, que incluya una comprensión profunda de los lenguajes digitales y sus lógicas. 

Bibliografía 

Manovich, Lev (2006). El lenguaje de los nuevos medios de comunicación: la imagen en la era digital. Buenos Aires: Paidós. 

Orduna, Carola (s/f). Ficha de cátedra. Unidad I. Esfera pública y tecnologías digitales. Universidad Nacional de Entre Ríos.