Por Brisa Solaro
En su libro El lenguaje de los nuevos medios de comunicación, Lev Manovich presenta una teoría y sistematización de los nuevos medios y su relevancia en la cultura mediática y visual de los últimos siglos. El presente ensayo pretende, a partir de la lectura y análisis del mismo, reflexionar acerca de lo que el autor denomina los principios de los nuevos medios y su relación con la producción editorial.
En un primer momento, Manovich realiza la siguiente pregunta: ¿Qué son los nuevos medios? y la respuesta es: “gráficos, imágenes en movimiento, sonidos, formas, espacios y textos que se han vuelto computables; es decir, que se componen pura y llanamente de otro conjunto de datos informáticos” (Manovich, 2001,4) Los nuevos medios son el resultado de la traducción de todos los medios actuales en datos numéricos a los que se accede por medio de los ordenadores. Es decir, qué lo nuevo es la traducción de lo anterior.
Luego, el autor asegura lo siguiente:
Hoy nos encontramos en medio de una nueva revolución mediática, que supone el desplazamiento de toda la cultura hacia formas de producción, distribución y comunicación mediatizadas por el ordenador. Es casi indiscutible que esta nueva revolución es más profunda que las anteriores, y que sólo nos estamos empezando a dar cuenta de sus efectos iniciales. De hecho, la introducción de la imprenta afectó sólo a una fase de la comunicación cultural, como era la distribución mediática. De la misma manera, la introducción de la fotografía sólo afectó a un tipo de comunicación cultural: las imágenes fijas. En cambio, la revolución de los medios informáticos afecta a todas las fases de la comunicación, y abarca la captación, la manipulación, el almacenamiento y la distribución; así como afecta también a los medios de todo tipo, ya sean textos, imágenes fijas y en movimiento, sonido o construcciones espaciales (Manovich, 2001,4).
Entonces, a partir de esta cita, podemos ver que para Manovich nos encontramos ante una nueva revolución mediática, la cual afecta a la cultura en susformas de producción, distribución y comunicación. También plantea que la diferencia con las revoluciones anteriores radica en la ampliación de las fases a las que abarca además de afectar a medios de todo tipo.
Ahora bien, ¿Cuáles son los principios de los nuevos medios? El autor aclara que dichos principios no se tratan de una ley absoluta, sino más bien de tendencias generales cada vez más manifiestas. Se procederá a continuación a explicar dichos principios uno por uno:
1- Representación numérica: Todos los objetos de los nuevos medios se componen de un código digital. En consecuencia, un objeto de los nuevos medios puede ser descrito en términos matemáticos y estar sometido a una manipulación algorítmica, lo cual los vuelve programables. Es importante destacar que muchos de los nuevos medios sufren una conversión a partir de diversas formas de viejos medios. La conversión de datos continuos en una representación numérica se llama digitalización, y se compone de dos pasos: toma de muestras y la cuantificación. En primer lugar, bajo el nombre de resolución, se toman muestras de los datos, normalmente a intervalos regulares y luego la toma de muestras convierte los datos continuos en datos discretos. En segundo lugar, cada muestra es cuantificada, se le asigna un valor numérico a partir de una escala predefinida.
2- Modularidad: el objeto de los nuevos medios presenta siempre la misma estructura modular. Los elementos mediáticos, son representados como colecciones de muestras discretas (píxeles, polígonos, vóxeles, caracteres o scripts), unos elementos que se agrupan en objetos a mayor escala, pero que siguen manteniendo sus identidades por separado. Los propios objetos pueden combinarse a su vez dando lugar a objetos aún más grandes; sin perder, ellos tampoco, su independencia.
3- Automatización: A partir de los principios antes mencionados, se vuelve posible automatizar muchas de las operaciones implicadas en su creación, manipulación y acceso. Manovich trae a colación un ejemplo muy común en nuestra cotidianidad: “Los programas de edición de imagen como el Photoshop pueden corregir de manera automática las imágenes escaneadas, mejorando su nivel de contraste y eliminando el ruido. También llevan filtros que pueden modificar una imagen de manera automática, empezando por la creación de simples variaciones de color hasta llegar a cambiar toda la imagen” (2001,10).
4- Variabilidad: Otra consecuencia de los primeros principios es la posibilidad de que un objeto de los nuevos medios pueda existir en distintas versiones, que potencialmente dichas versiones se vuelvan infinitas. Unos sinónimos de variable son mutable o líquido y el principio de variabilidad tiene estrecha relación con la automatización. Es importante tener en claro que este principio no sería posible sin la modularidad. Los elementos mediáticos mantienen sus distintas identidades y se pueden agrupar en multitud de secuencias bajo el control del programa. Además, como los propios elementos se descomponen en muestras discretas se pueden crear y adaptar al usuario sobre la marcha.
El autor sostiene además que: “la lógica de los nuevos medios corresponde a la lógica de la distribución postindustrial: a la «producción a petición del usuario» y al «justo a tiempo», que a su vez son posibles gracias a las redes de ordenadores en todas las fases de la fabricación y distribución” (2001,13).
El principio de variabilidad contempla algunos casos particulares: primero, los elementos mediáticos se guardan en una base de datos mediáticos, a partir de la cual puede generarse toda una variedad de objetos de usuario final, a petición de éste o de antemano, y que varían en resolución, forma y contenido. En segundo lugar, es posible separar el nivel de los datos del de la interfaz, es decir, se pueden crear distintas interfaces a partir de los mismos datos. Además, la información sobre el usuario puede ser empleada por un programa informático para adaptar automáticamente la composición del medio, y también para crear los propios elementos. Luego, el autor menciona 3 casos de personalización: interactividad basada en un menú, el hipermedia y las actualizaciones periódicas.
Por último, uno de los casos más básicos del principio de variabilidad es la escalabilidad, por la cual se pueden generar versiones diferentes del mismo objeto mediático a diversos tamaños o niveles de detalle.
5- Transcodificación: Este último punto es, para Manovich, la consecuencia más importante de la informatización de los medios. Ya que la informatización convierte los medios en datos de ordenador que siguen presentando una organización estructural que tiene sentido para sus usuarios humanos. Lo explica de la siguiente manera:
En el plano de la representación, pertenece al lado de la cultura humana, y entra de manera automática en diálogo con otras imágenes, con otros «semas» y «mitemas» culturales. Pero a otro nivel, se trata de un archivo informático que consta de un encabezamiento que la máquina puede leer, seguido por números que representan la colorimetría de sus píxeles. A este nivel, entra en diálogo con otros archivos informáticos. Y las dimensiones de este diálogo no son el contenido de la imagen o sus significados ni sus cualidades formales, sino el tamaño y el tipo del archivo, la clase de compresión utilizada, el tipo de formato, etcétera. En resumidas cuentas, se trata de dimensiones que pertenecen a la cosmogonía propia del ordenador y no a la de la cultura humana. (2001, 18).
Además, insta a pensar a los nuevos medios en general como si constaran de dos capas diferenciadas: la capa cultural y la informática. Pero espera que más adelante la capa informática afecte a la capa cultural. Se basa en lo siguiente para asegurar esto: las operaciones fundamentales que hay tras todo programa informático y las convenciones de su interfaz influyen en la capa cultural de los nuevos medios, en su organización, en sus géneros emergentes y en sus contenidos. En resumen, la capa informática y la cultural se influyen mutuamente. El resultado es una nueva cultura del ordenador: una mezcla de significados humanos e informáticos.
Ahora que ya hemos analizado los principios de los nuevos medios es momento de pensar su relación con la producción editorial, una práctica histórica ligada a la cultura escrita que ha debido adaptarse radicalmente a los cambios tecnológicos y simbólicos introducidos por la digitalización. Como hemos mencionado anteriormente, Manovich identifica cinco principios clave que caracterizan a los nuevos medios: representación numérica, modularidad, automatización, variabilidad y transcodificación. Cada uno de estos principios, al ser aplicados al campo editorial, permite comprender cómo se están reconfigurando los modos de producir, distribuir y consumir textos, tanto en su materialidad como en su lógica de funcionamiento.
En primer lugar, el principio de representación numérica, entendido como la conversión de los medios a datos digitales manipulables algorítmicamente, implica que la producción editorial ya no se limita al ámbito analógico del papel. El texto, en tanto objeto, puede ser creado, modificado, almacenado y replicado mediante procesos computacionales. Esta digitalización permite la edición y reconfiguración constante de los contenidos, así como su distribución a gran escala sin los límites físicos de la edición impresa. El segundo principio, el de modularidad, resalta la estructura fragmentada y recombinable de los objetos digitales. En el caso editorial, esta lógica se refleja en el diseño de publicaciones en formato digital, donde los elementos textuales, visuales y tipográficos se integran como módulos independientes. Un libro electrónico, por ejemplo, no es un objeto estático, sino una serie de unidades (capítulos, imágenes, notas al pie, enlaces) que pueden reorganizarse, reutilizarse o compartirse de forma autónoma.
Por otro lado, el principio de automatización introduce una dimensión crucial para la producción editorial contemporánea: la posibilidad de delegar tareas creativas o técnicas a procesos automáticos. Desde el uso de software para el diseño tipográfico y la maquetación hasta la corrección gramatical asistida por inteligencia artificial, la automatización ha reducido significativamente los tiempos de producción editorial y ha permitido nuevas formas de edición colaborativa y a gran escala. En este contexto, el principio de variabilidad cobra especial relevancia. La posibilidad de generar múltiples versiones de un mismo contenido editorial adaptadas a distintos dispositivos, públicos o contextos transforma profundamente la noción de obra cerrada o definitiva. Libros interactivos, publicaciones personalizadas según los intereses del lector o contenidos actualizables en tiempo real son manifestaciones concretas de esta mutabilidad. La edición digital ya no se rige por la lógica de la estabilidad material del impreso, sino por la fluidez y adaptabilidad del objeto digital.
Finalmente, la transcodificación, entendida como la interacción entre la capa informática y la capa cultural, ofrece una clave interpretativa central. En el ámbito editorial, esta dualidad se expresa en el modo en que los formatos, estándares y protocolos técnicos (como el ePub, el PDF, los metadatos o los algoritmos de recomendación) modelan los modos de producción y circulación cultural. No se trata simplemente de migrar un libro al entorno digital, sino de aceptar que la lógica computacional transforma radicalmente su estructura, su accesibilidad y su forma de ser leído.
En este sentido, la producción editorial contemporánea se configura como un campo híbrido, donde confluyen prácticas culturales históricas –como la escritura, la lectura y la edición– con lógicas técnico-computacionales que alteran sus formas tradicionales. Esta hibridación, como advierte Manovich, no implica la desaparición de los medios anteriores, sino su reconversión dentro de un nuevo paradigma mediático que redefine tanto los objetos como los sujetos de la cultura.
En conclusión, la teoría de los nuevos medios propuesta por Lev Manovich permite comprender en profundidad el modo en que la producción editorial se ha transformado en la era digital. La digitalización de los contenidos, su organización modular, la automatización de los procesos editoriales, la variabilidad de las formas de presentación y la transcodificación cultural-tecnológica constituyen dimensiones fundamentales de una práctica editorial. Estos cambios implican una mutación en las formas de significar, acceder y construir conocimiento. En definitiva, los principios de los nuevos medios nos interpelan a repensar la producción editorial no sólo como una técnica, sino como una forma de inscripción cultural profundamente atravesada por las transformaciones del entorno digital.