
Una reflexión cultural y editorial sobre el texto El lenguaje de los nuevos medios de comunicación de Lev Manovich.
Por Azul Domé
¿Qué tienen en común Steven Spielberg, Jordan Peele y Damien Chazelle? Además de ser directores, todos estuvieron nominados a diversos premios por sus películas Nope, Babylon y The Fabelmans en el año 2022. Ahora bien, ¿Podríamos pensar en un hilo conductor de estas producciones? Desde mi perspectiva, todas hablan implícita o explícitamente, en mayor o menor medida sobre hacer cine; y no solo de hacer cine en la actualidad, sino en el vínculo de la trama y como puede marcar a los espectadores.
Lev Manovich en su texto El lenguaje de los nuevos medios de comunicación, escrito a principios del 2000, plantea un recorrido analítico y bastante semiótico sobre cómo han ido variando o avanzando los distintos medios comunicaciones o canales; entre ellos el cine, la televisión, los libros, etc.
Hoy en día, en el que una gran parte de nuestra realidad social y laboral pasa por el celular y las redes, me parece importante ver las diferentes implicancias actuales que han ido variando a pasos agigantados desde la publicación de Manovich.
Sobre esto, el autor manifiesta: “Hoy nos encontramos en medio de una nueva revolución mediática, que supone el desplazamiento de toda la cultura hacia formas de producción, distribución y comunicación mediatizadas por el ordenador” (Manovich, L. 2006: 4). Podríamos agregar, más bien por el celular.
Esta realidad se ve cada vez más difusa, en el sentido de la adaptabilidad inmediata o representación de la vida cotidiana que intentan replicar las redes. Ello nos ha puesto en jaque como consumidores culturales, no solo en el cine, sino como lectores críticos.
Muchos de estos avances han facilitado las formas de consumo de ciertos productos (Kindles, plataformas de streaming, reproductores de música, etc.). Uno pensaría que estas actualizaciones terminarían eliminando a las originales, aunque hemos verificado que no es así, han modificado la manera de distribución de ellas de igual manera.
Nos encontramos ante una nueva ola nostálgica en el consumo: vinilos, colecciones limitadas de libros, radios, etc. En referencia a ello podemos relacionas las palabras de Manovich: ”No hay motivo para privilegiar el ordenador como aparato de exhibición y distribución por encima de su uso como herramienta de producción o como dispositivo de almacenamiento.” (Manovich, L. 2006: 3)
Volviendo a la cuestión de distribución, ¿Cómo nos han afectado los algoritmos? Frente a la inmensidad de contenido, en algún punto buscan sesgar una cantidad limitada a nuestra búsqueda. El autor manifiesta que un objeto de los nuevos medios estará sometido a una manipulación algorítmica. (Manovich, L. 2006: 7)
“Como demostraremos, los nuevos medios obedecen o, de hecho, van en cabeza, de una lógica bastante distinta, que es la de la sociedad postindustrial, que se basa en la adaptación al individuo en vez de en la estandarización masiva” (Manovich, L. 2006:9)
Sobre esta problemática algunas editoriales nacionales como El gato y la caja han publicado ensayos, entre ellos Ok, Pandora: Breve historia de la IA; o Tabú: sobre el entrenamiento de softwares y hardwares.
En ese sesgo de la hiper personalización de los contenidos, cada vez se nos dificulta más ejercer el rol de lector activo, activo en el sentido de poder “leer” por fuera el contexto de nuestro consumo. Nos situamos en un presente donde la inteligencia artificial diluye el contacto con la realidad, con videos editados cada vez más reales, con chats que asemejan contactos humanos, entre otros. En relación a ello, la artista y escritora argentina María Luque ha reflexionado en sus redes el pasado 23 de junio:
¿Qué tienen en común Steven Spielberg, Jordan Peele y Damien Chazelle? Además de ser directores, todos estuvieron nominados a diversos premios por sus películas Nope, Babylon y The Fabelmans en el año 2022. Ahora bien, ¿Podríamos pensar en un hilo conductor de estas producciones? Desde mi perspectiva, todas hablan implícita o explícitamente, en mayor o menor medida sobre hacer cine; y no solo de hacer cine en la actualidad, sino en el vínculo de la trama y como puede marcar a los espectadores.
Lev Manovich en su texto El lenguaje de los nuevos medios de comunicación, escrito a principios del 2000, plantea un recorrido analítico y bastante semiótico sobre cómo han ido variando o avanzando los distintos medios comunicaciones o canales; entre ellos el cine, la televisión, los libros, etc.
Hoy en día, en el que una gran parte de nuestra realidad social y laboral pasa por el celular y las redes, me parece importante ver las diferentes implicancias actuales que han ido variando a pasos agigantados desde la publicación de Manovich.
Sobre esto, el autor manifiesta: “Hoy nos encontramos en medio de una nueva revolución mediática, que supone el desplazamiento de toda la cultura hacia formas de producción, distribución y comunicación mediatizadas por el ordenador” (Manovich, L. 2006: 4). Podríamos agregar, más bien por el celular.
Esta realidad se ve cada vez más difusa, en el sentido de la adaptabilidad inmediata o representación de la vida cotidiana que intentan replicar las redes. Ello nos ha puesto en jaque como consumidores culturales, no solo en el cine, sino como lectores críticos.
Muchos de estos avances han facilitado las formas de consumo de ciertos productos (Kindles, plataformas de streaming, reproductores de música, etc.). Uno pensaría que estas actualizaciones terminarían eliminando a las originales, aunque hemos verificado que no es así, han modificado la manera de distribución de ellas de igual manera.
Nos encontramos ante una nueva ola nostálgica en el consumo: vinilos, colecciones limitadas de libros, radios, etc. En referencia a ello podemos relacionas las palabras de Manovich: ”No hay motivo para privilegiar el ordenador como aparato de exhibición y distribución por encima de su uso como herramienta de producción o como dispositivo de almacenamiento.” (Manovich, L. 2006: 3)
Volviendo a la cuestión de distribución, ¿Cómo nos han afectado los algoritmos? Frente a la inmensidad de contenido, en algún punto buscan sesgar una cantidad limitada a nuestra búsqueda. El autor manifiesta que un objeto de los nuevos medios estará sometido a una manipulación algorítmica. (Manovich, L. 2006: 7)
“Como demostraremos, los nuevos medios obedecen o, de hecho, van en cabeza, de una lógica bastante distinta, que es la de la sociedad postindustrial, que se basa en la adaptación al individuo en vez de en la estandarización masiva” (Manovich, L. 2006:9)
Sobre esta problemática algunas editoriales nacionales como El gato y la caja han publicado ensayos, entre ellos Ok, Pandora: Breve historia de la IA; o Tabú: sobre el entrenamiento de softwares y hardwares.
En ese sesgo de la hiper personalización de los contenidos, cada vez se nos dificulta más ejercer el rol de lector activo, activo en el sentido de poder “leer” por fuera el contexto de nuestro consumo. Nos situamos en un presente donde la inteligencia artificial diluye el contacto con la realidad, con videos editados cada vez más reales, con chats que asemejan contactos humanos, entre otros. En relación a ello, la artista y escritora argentina María Luque ha reflexionado en sus redes el pasado 23 de junio:

Para finalizar, Lev nos deja una declaración sobre nuevas lecturas de estos medios: “Los nuevos medios requieren de una nueva etapa en la teoría de los medios…Para entender su lógica, necesitamos dirigir la atención a la informática. Es ahí donde podemos esperar hallar los nuevos términos, categorías y operaciones que caracterizan los medios que se vuelven programables”. (Manovich,L. 2006: 19)
Bibliografía:
Material brindado por la cátedra.
Habermas, J. (1962). Historia y crítica de la opinión pública. La transformación estructural de la vida pública. Barcelona: Gustavo Gil.
Manovich, Lev (2006). El lenguaje de los nuevos medios de comunicación: la imagen en la era digital. Buenos Aires: Paidós.